domingo, 28 de diciembre de 2014

KAFKA SE SIENTE, KAFKA RECIENTE



Ya habré dicho que Kafka parece inagotable.
 En un tono ciertamente más exagerado, Borges había dicho
que Kafka era más importante que una época. (1)
 Ahora que lo pienso, estoy seguro de haber dicho también
que a Kafka se lo quiere. Como a un hermano. Como a un
prójimo que enorgullece tener. Si Kafka es nuestro prójimo,
entonces...
 Lo mismo sucede con Sebald. Sí, cada uno a su modo. Dis-
tintas épocas y épicas, semejantes éticas y estéticas.

 Ambos autores parecen verdaderos semillares literarios. En
otra parte hablaré de las recientes ediciones de libros póstu-
mos de W.G. Sebald, así como de los numerosos trabajos
críticos que su intensa obra genera.

 Hoy me referiré, en cambio, a diversas obras acerca de Franz
Kafka. Resultaría muy trabajoso reunir la bibliografía comple-
ta de lo que se ha escrito en torno al genial abogado judío che-
co. Esta es, hay que decirlo, la era de la abundancia. Excesiva,
por cierto. Amigos míos han 'bajado' miles de libros de la red.
Lo mismo sucede con la música, la información, la materia ar-
tística.
 El libro y el papel como reductos. Porque todavía puede en-
contrarse en ellos algo que permanece y porque reducen la ina-
gotable abundancia.

 No hace mucho le decía yo a mi hijo (Darshan) que me gene-
raba asombro (y admiración) cómo ciertos tipos habían escrito,
a pluma mojada en tinta, bajo la luz de las velas, teniendo que
corregir y reescribir decenas de veces un tomo de, digamos,
500 páginas, en, digamos también, el siglo XVII. Mi hijo me sorprendió con su respuesta: "Admirable es que hoy, con la
enorme cantidad de tecnología tentándonos, distrayéndonos,
con los miles de libros disponibles, etc, alguien pueda de todos modos, escribir un libro de -digamos- 500 páginas".

 Y bien, estos son algunos de los textos recientes acerca de
Kafka, mi hermano-prójimo, el paradigma del escritor.


 Es cierto que Kafka y las muchachas, fue editado por Edaf,
en Chile, en 2003.



"Viaje con destino incierto. Antes del desastre [su rup-
tura con Felice] (2) pensaba en una estancia en Gleschen-
dorf, a orillas del Báltico, probablemente con Felice. For-
zado a ir solo, se detiene primero en Lübeck, donde se su-
me en un profundo sueño a pesar del estrépito de los tre-
nes bajo las ventanas del hotel. Vaga por el terraplén de
la muralla y se cruza con su doble, <un hombre triste y
solitario en un banco>".

En 2008, Editorial Minúscula de España publica el nota-
ble ensayo de Hanns Zischler llamado "Kafka va al ci-
ne". Allí también se mencionan dos párrafos de sucesi-
vas cartas a Felice, fechadas ambas el 20 de abril de
1913: "¡Si pudiera escribir, Felice! Ese deseo me con-
sume. Ojalá tuviera suficiente libertad y salud, sobre
todo, para ello. Creo que no has comprendido suficien-
temente que escribir es mi única posibilidad de existen-
cia interior." Y un rato después le escribe: "Así pues no
consigo, ni siquiera en la escritura, fijarte ni hacerte par-
tícipe de alguna manera del latido de mi corazón y, por
tanto, no debo esperar nada más allá del escribir".

Este libro es el eje de uno de los capítulos más bellos del
Campo Santo de W.G. Sebald, titulado justamente "Kaf-
ka en el cine". Transcribo en forma casi inevitable algu-
nas partes de ese artículo.
"Querida", escribe a Felice en
relación a una fotografía en la que ella lo mira melancó-
lica, "las imágenes son bellas, no se puede prescindir de
las imágenes, pero son también un tormento." (...)
"Dos años más deambulará por las mismas calles y se
sentirá tan lejos de todo lo vivo como quizá sólo lo es-
taban las figuras que vio en Friedland [donde había ob-
servado a través de un aparato llamado el 'Káiser Pano-
rama' <como figuras de cera fijadas por las suelas de sus
zapatos al pavimento>]. El secreto más íntimo de la me-
tafísica profana es esa extraña sensación de ausencia físi-
ca, provocada por lo que se podría llamar una mirada ex
cesivamente desarrollada." (...)
"El propio Kafka, como es sabido, desconfiaba de todo
utopismo. No mucho antes del final de su vida dijo de
sí mismo que había emigrado del Canadá hacía cuaren-
ta años, y que también la comunidad que de vez en
cuando ansiaba le resultaba en el fondo sospechosa y
no quería otra cosa que ser absorbido por la soledad,
como el agua en el mar."



En 2012 Editorial Acantilado publicó en España el
"Kafka" de Pietro Citati. La edición es bella, como la
gran mayoría de ese sello, pero encuentro poca ori-
ginalidad en el enfoque de este escritor italiano. Se
ha escrito tanto acerca de Kafka que, para abrir otra
obra, ésta requiere un enfoque diverso, teniendo justa-
mente incontables caras la relación vida/obra del autor
de "El proceso". Rescato la descripción del lugar en el
que habitualmente se ubicaba Franz en la casa paterna:
"su habitación, que era un lugar de paso o más bien una
arteria ruidosa que unía la salita de estar con el dormi-
torio de sus padres. Había una cama, un armario, un pe-
queño escritorio con unos pocos libros (3) y muchos cua-
dernos. En las paredes tal vez aún estaban las reproduc-
ciones del piso de la Zeltnergasse: una estampa de El
labrador de Hans Thoma y el vaciado en yeso de un
pequeño relieve antiguo, una ménade danzando mien-
tras blandía un muslo de animal". (...) 
"Con un doloroso cansancio, se echaba sobre el sofá y
miraba las luces. Cuando la puerta de la habitación era
herida simultáneamente por la luz de la antesala y por
la de la cocina, a lo largo de los cristales se reflejaba
una luz verdusca. Si era herida solamente por la luz de
la cocina, el cristal más próximo se tornaba azul oscu-
ro, y el otro de un azul tan blancuzco que en el reverso
esmerilado se diluía todo el dibujo. Las  luces y las som-
bras, proyectadas por la luz eléctrica de la calle, eran
desordenadas, superpuestas y difíciles de discernir en-
tre sí".



  Excepcional es, por otra parte, el libro que reúne di-
versos acercamientos, apuntes, notas, comentarios y
preguntas acerca de Kafka, por Walter Benjamin.
Se llama "Sobre Kafka" y lo publicó Eterna Cadencia,
en Argentina, en 2014. Reúne las cartas que W.B. in-
tercambiara con Werner Kraft, Gershom Scholem,
Bertold Brecht y Theodor Adorno acerca del más
grande escritor checo, además de varios artículos,
proyectos de un libro dedicado por entero a Kafka.
La obra es excepcional porque muestra cuántas re-
flexiones y preguntas ha suscitado tanto en Benja-
min como en sus interlocutores, la obra inmensa-
mente polisémica de Franz K. Esos acercamientos
desde diferentes ángulos, reiterados a lo largo de
los años y de la extensa obra del mismo Benjamin,
es una buena muestra de cómo la búsqueda exhaus-
tiva de la verdad y el auto-cuestionamiento sin con-
cesiones del autor de El Castillo aúna obra y vida,
drama y tragedia de esas décadas europeas.
En "Visión de paralaje", Slavoj Zizek, comenta lo
siguiente: "En su lectura de Kafka, Benjamin se
centra en 'una extensa serie de figuras con el pro-
totipo de la distorsión, la deformidad...' Entre las
imágenes de las historias de Kafka, no hay ningu-
na más frecuente que la del hombre que mueve la
cabeza hacia el pecho: la fatiga de los funcionarios
de la corte, el ruido que afecta a los porteros del
hotel, el cielorraso bajo al que se enfrentan los vi-
sitantes de la galería". Creo que tanto comentador
como comentado, en esta ocasión, se concentran
en pequeños detalles, minucias casi, de los tan nu-
merosos que pueblan la obra de Kafka. Es como si
se la pudiera abordar desde un casi impensable con-
junto, o como si se pudiera, parte por parte, fragmen-
to tras fragmento, entender al fin lo que está ahí pa-
ra no terminar nunca de ser entendido. En este sentí-
do, la obra de Kafka tiene una estructura onírica ma-
ravillosa: se pueden extraer múltiples e interminables
sentidos y apreciaciones de ese universo de sueños
interconectados e inconclusos, sin agotarlos nunca,
sin "llegar" jamás al final prometido. Su gran legado.



 También en la valiosa obra de Luis Gusmán, psicoanalista y
escritor reconocido, "Kafkas", publicada por Edhasa en Bue-
nos Aires en 2014, se escucha, entre sus variadas interrogacio-
nes, el afecto que Kafka despierta. Recorriendo ciertos temas
centrales en la vida/obra de F.K. (pocas veces en la historia
de la literatura se ha producido un entramado tan denso entre
ambas instancias), como los sueños, los diarios, la escritura,
el insomnio, el cuerpo, las cartas de amor, la famosa letra K,
las fuentes, los autores que han escrito acerca de él (Steiner,
Stach, Marthe Robert, Deleuze y Guatari, Hayman, Wagen-
bach, etc), Gusmán nos reabre varias cuestiones; en otras pa-
labras, las devuelve a la escena viva de las preguntas.
Aunque hay una que deja sin tocar, una recóndita, me parece:
Kafka menciona muchas veces en sus diarios y cartas la difi-
cultad que representa para él la escritura. Lo dice de una ma-
nera especial cuando piensa que si escribiera una autobiogra-
fía, ésta fluiría como el mismísimo relato de sus sueños. ¿De
qué clase de dificultad se trata? Un verdadero nudo, diría, que
puede hacernos pensar en la problemática personal de Franz,
pero, como suele suceder con casi todos los temas que aborda,
una pregunta profunda acerca del acto de escribir en sí. (4)



Por fin: numerosas son las relaciones que variados
autores establecen entre los viajes de Kafka y los
de W.G. Sebald. Una de las más notables es la que
se produce entre Vértigo de Sebald y El cazador
Gracchus, de Kafka. En el último capítulo de la
primera obra en prosa importante de Sebald, lla-
mado "Il ritorno in patria", has varios paralelos
entre las experiencias de lugar 'propio' y lugar 'ex-
traño' de ambos autores. Esa pertenencia y no per-
tenencia a un mundo que nunca deja de tener un
'toque' siniestro. (5)


Varios autores. The Undicovered Country. W.G. Sebald and the Poetics of Travel.
Camden Press, 2010.

ANOTACIONES

(1) Dos comentarios de Jorge Luis Borges acerca de Kafka:
a) "Yo estuve en los actos del centenario de Joyce y cuando
alguien lo comparó con Kafka dije que eso era una blasfe-
mia (...) porque Joyce es importante dentro de la lengua in-
glesa y de sus infinitas posibilidades, pero es intraducible."
b) "Mi primer recuerdo de Kafka es del año 1916 cuando
decidí aprender el idioma alemán (...) Fue entonces cuando
leí el primer libro de Kafka (...) Me llamó la atención que
K. escribiera tan sencillo que yo mismo pudiera entenderlo
(...) Después tuve oportunidad de leer El Proceso y a partir
de ese momento lo he leído continuamente."

(2) Las fotos que se suelen reproducir de Felice la muestran
siempre demasiado seria y hasta fea. Por eso incluyo ésta,
publicada por Stach en su célebre biografía de Kafka.


(Queriendo mejorar la imagen de Felice Bauer, sólo logré esta pésima calidad de imagen.
Ya publicaré una adecuada.) (Aunque, si se 'clickea' sobre la imagen, se la ve mejor)




(3) El autor alemán Klaus Wagenbach ha publicado al menos
dos libros acerca de F.K. con una fantástica cantidad de infor-
mación, producto de años de investigación, conversaciones
con las personas vivas que conocieron al escritor checo, y la revisión de archivos acerca del mismo en Praga, París, Viena, Jerusalén y Zúrich. En uno de ellos, el titulado "La juventud
de Franz Kafka" ( Monte Ávila, 1969), transcribe el inventario
de la biblioteca, comentando: "Incompleto, puesto que el in-
ventario fue levantado una década después de la muerte de
Kafka". El inventario ocupa 11 páginas e incluye cientos de
títulos. Luego se agrega la "Biblioteca Verde de Schaffstein", editada por Nicolaus Henningsen, con varios títulos 'curiosos', como las cartas de Hernán Cortés al emperador Carlos V; Vi-
da de los esquimales, por Amundsen; Cartas de un plantador
de café, de Oskar Weber, y El rey de la banana. ¿Qué hicie-
ron en América los herederos de un bessiano vendido del mis-
mo autor.


El otro libro de Wagenbach, una obra estéticamente
muy interesante, se titula "Franz Kafka. Imágenes de
su vida." Galaxia Gutenberg, 1998.



(4) Mi impresión acerca de esa dificultad: creo que
Kafka ha buscado escribir en un estado onírico o,
cuando menos, oniroide. Cuando lo ha logrado -me
parece que Un médico rural es la cumbre de ese in-
tento- se ha sentido identificado con su escritura, sin
dejar de sentirla siempre incompleta (como se siente
con el recuerdo o el relato de un sueño). Mi impresión
es que Kafka necesitaba autohipnotizarce para escri-
bir. Formidable desafío: producir algo que él mismo
no sabía qué significaba, pero que tenía la intensidad,
al tiempo que el carácter difuminado e incierto, al tiem-
po que el contenido de verdad... de un sueño. En ese
mismo sentido, me parece que El Proceso es una su-
cesión de sueños con el mismo eje conductor, mientras
que El Castillo, parece un larguísimo sueño de una sola
tirada. Un ensueño transcripto por Kafka el 25 de junio
de 1914, es tomado por Sebald, quien reinventa el viaje
de K. a Trieste y data la visión el día 14 de setiembre
del 13, la noche de la llegada de Kafka a esa ciudad, en
ese momento austríaca. Creo haber mencionado en otra
parte que en esa ciudad, Kafka podría haberse encontra-
do con Joyce y con Svevo (su secretario), en ese lugar
y en esas fechas  (pero no lo hizo). Agrego otra observa-
ción en este mismo sentido: se ha comentado en varias
ocasiones que cuando Franz les leía sus escritos a sus
amigos, incluyendo la pesadilla que constituye El Pro-
ceso, todos reían con ganas en ciertos pasajes, inclu-
yendo, y en primer lugar, al autor. Mi explicación es
que también un sueño nos suena muchas veces gracio-
so al contarlo. Con una gracia especial, la de la sorpre-
sa de lo que se 'filmó' y de lo absurdo que resulta a la
luz del día


(5) Claves: (Reiner Stach) el cazador Gracchus, de
Gracchio, que en italiano es grajo. La palabra checa
para grajo es kavka.


 La versión en inglés fue publicada por Harcourt, en 2005.
La versión castellana, por Siglo XXI, en 2003.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Kafka que fue despacito impregnando
distintos tiempos............
Y si, se lo fue queriendo.
Es cierto.

Que laborioso trabajo!
Cuanto para aprender.....alcanzara la vida?
Gracias

Robert Rivas dijo...

Tal vez por eso Gusmán titula su obra "Kafkas", en plural. Como que hay muchos o sucesivos Kafkas a lo largo de nuestras vidas de lectores.
Muchas gracias por tu alentador comentario.

Ariel Guallar dijo...

No escribo como hablo, no hablo como pienso, no pienso como debería pensar, y así sucesivamente hasta las más profundas tinieblas
K